HISTORIA OCULTA

Tuve el privilegio de rodar una miniserie dedicada al Camino de Santiago en tiempo de pandemia, con la Ruta Jacobea cerrada a cal y canto por primera vez en sus mil años de historia.

Javier Sierra autor webJavier Sierra

Periodista y escritor

La verdad está ahí fuera

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7 de julio de 2021 (14:14 CET)

Ocultura: el legado de Otros MundosOcultura: el legado de Otros Mundos

Nº 372, Julio de 2021

Este artículo pertenece al Nº 372, Julio de 2021

Hace unas semanas estrenaba en la plataforma audiovisual de Movistar+ una miniserie dedicada al Camino de Santiago. Tuve el extraño privilegio de rodarla en tiempo de pandemia, con la Ruta Jacobea cerrada a cal y canto por primera vez en sus mil años de Historia. Ni la peste negra del siglo XIV, ni la gripe «española» de hace cien años, ni siquiera nuestra Guerra Civil, vaciaron jamás los senderos a Compostela de peregrinos. Pisar Somport sin ver un bordón, llegar a San Juan de la Peña escuchando solo el eco de las botas sobre su gran roca, o alcanzar el Obradoiro en medio de una ciudad de Santiago amordazada por un silencio de muerte, me fue dejando una cicatriz tras otra en el alma.

El Camino es otra cosa: memoria, perdón, silencios, fe, horizonte y luz 

Los únicos peregrinos con los que pude conversar en ese viaje fueron los que invité –PCRs y test de antígenos mediante– a reunirse conmigo en Jaca, Eunate, León, Ponferrada, Portomarín o Santiago. Todos llegaron con el mismo brillo de estupefacción en los ojos, sintiéndose privilegiados al contemplar un Camino, en pleno Año Santo, tan distinto al habitual. Sebastián Vázquez, quien fuera mi primer editor hace ya más de un cuarto de siglo, se tomó el tiempo de enseñarme a interpretar algunos símbolos de piedra grabados en fachadas ilustres. Recuerdo que nos detuvimos frente al crismón de la catedral de Jaca, leímos su texto en latín –ese que habla de la «segunda muerte» que aguarda al mal creyente–, y en dos gestos me mostró que la rueda que luce su bajorrelieve oculta cinco letras alucinantes: T, A, R, O, T. Sí, como el mazo de cartas medieval que aún hoy se emplea para adivinar el futuro.

Pero ni con esas pude adelantarme al resto de regalos que recibiría durante mi peregrinación. Las cámaras de mi serie, Otros Mundos, no captaron los más valiosos. Una lente de cristal y un corazón electrónico son incapaces (aún) de recoger el estremecimiento que se siente al pisar el templo pagano de Santa Eulalia de Bóveda oculto bajo los cimientos de una pequeña parroquia lucense. O la emoción de alcanzar, con los pies rotos, la Cruz de Ferro que se levanta justo a la entrada de Galicia y reconocer, clavado en ella, la fotografía de un viejo amigo del que hacía años que no sabía nada. Por no hablar, claro, del éxtasis de llegar al más allá de la antigüedad, a Finisterre, en un día límpido, y atisbar con el rabillo del ojo el mítico rayo verde que desprende el Sol en el último milisegundo antes de ocultarse tras el horizonte.

Tras recorrer medio mundo a la caza de fenómenos y hechos inexplicables, necesitaba recapacitar y buscar respuestas en mi interior 

No sé si tú, que lees estas líneas, tienes acceso a Movistar+ y sus programas, pero si el Camino te lleva a ella no dudes en buscar esos «Otros mundos» y acompañarme por los trece capítulos que hemos venido rodando desde 2017. Los tres últimos, los filmados antes del final del estado de alarma en España, te descubrirán que la Ruta Jacobea no es turismo, ni ocio, ni arte o gastronomía. Eso está en su epidermis y es fabuloso. Sin embargo, el Camino es otra cosa: memoria, perdón, silencios, fe, horizonte y luz.

Encajar estos episodios al final de una producción audiovisual en la que he pretendido explicar por qué he hecho de la búsqueda de respuestas una forma de vida, no es casual. Tras recorrer medio mundo a la caza de fenómenos y hechos inexplicables, necesitaba recapacitar y buscar respuestas en mi interior. Poner orden a lo aprendido.

No sé si lo habré logrado, pero apelo a ti, que me lees en este rincón, a poner a prueba semejante empeño. Si consigo arrastrarte por encima del dato o la anécdota hasta la emoción del que sabe que vivir es salir al encuentro de respuestas, me daré por satisfecho. Pero si además, en algún momento, te sientes parte de mi viaje y concluyes que todos estamos conectados por la misma inquietud que nos produce estar sobre este planeta, entonces habré cumplido con mi misión.

Otros Mundos –ojalá la veas– es más que una serie de televisión. Es un legado. El que te dejo a ti, buscador

La verdad está ahí fuera

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